La receta del conejo al ajillo es una de las más tradicionales dentro de la cocina popular española, especialmente en regiones como Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía y Murcia. Aunque su origen exacto es difícil de precisar, se trata de un plato de raíz campesina y rural, ligado históricamente a las costumbres culinarias del interior de España.
Orígenes e historia del conejo al ajillo
1. Cocina de aprovechamiento y caza menor
En tiempos antiguos, el conejo era uno de los animales más comunes en la dieta de las familias rurales españolas, ya que era fácil de criar en casa o cazar en el campo. No requería grandes recursos, y su carne, magra y saludable, se adaptaba a múltiples preparaciones. El conejo al ajillo nació como una forma sencilla y sabrosa de cocinar este alimento sin necesidad de ingredientes sofisticados.
2. El ajo como ingrediente esencial
El ajo, uno de los ingredientes más emblemáticos de la gastronomía mediterránea, ha sido utilizado desde la antigüedad no solo por su sabor, sino también por sus propiedades conservantes y medicinales. En esta receta, el ajo se convierte en protagonista, aportando profundidad y carácter al plato, en combinación con el aceite de oliva, otro pilar de la dieta española.
3. Influencias romanas y árabes
Ya en la época romana se conocía el uso del ajo y el conejo en la cocina. Posteriormente, durante la dominación árabe en la península ibérica (siglos VIII al XV), se perfeccionaron técnicas de cocción con especias, ajos y vinagres que influyeron en este tipo de platos. Aunque el conejo al ajillo es de carácter más cristiano (debido al uso de vino en algunas variantes), hereda parte de esas tradiciones culinarias.
Evolución y presencia regional
En Castilla-La Mancha, es habitual encontrar el conejo al ajillo acompañado de vino blanco o incluso un toque de vinagre, cocinado lentamente para intensificar los sabores.
En Murcia y Valencia, a veces se le agregan hierbas como el romero o tomillo, o incluso una picada con almendras.
En Andalucía, es común freír primero el conejo y luego añadir los ajos laminados al final para dar un toque crujiente.
Del campo a los restaurantes
Aunque nació como un plato casero de campesinos y cazadores, el conejo al ajillo ha traspasado generaciones y hoy se encuentra en muchos restaurantes tradicionales españoles. Se sirve como plato principal o tapa, acompañado de pan, patatas o ensaladas, y marida perfectamente con vinos blancos secos o tintos jóvenes.

Preparación inicial
Lava y seca los trozos de conejo. Salpimienta generosamente. Aplasta los ajos con la piel (puedes darles un golpe con el lateral del cuchillo).

Sellar el conejo
En una sartén amplia o cazuela baja, añade el aceite de oliva y caliéntalo a fuego medio-alto. Dora los trozos de conejo por tandas, unos 10–15 minutos en total, hasta que estén bien dorados por fuera. Reserva en un plato.

Freír los ajos
En la misma sartén (añade más aceite si es necesario), sofríe los ajos hasta que estén dorados pero no quemados (unos 2-3 minutos). Devuelve el conejo a la sartén.

Añadir vino y cocer
Vierte el vino blanco. Deja que se evapore el alcohol (1-2 minutos), baja el fuego y tapa parcialmente. Cocina unos 15-20 minutos a fuego medio-bajo hasta que el conejo esté tierno y jugoso. Si se seca mucho, puedes añadir un poco de caldo o agua.

Toque final
Añade una ramita de romero o tomillo en los últimos minutos para aromatizar. Corrige de sal si es necesario.

Consejos:
Si el conejo es muy joven, necesita menos cocción (unos 15 minutos); si es de campo, requerirá más tiempo y quizás algo de líquido adicional.
Puedes dejar la receta hecha con antelación: recalentado está incluso más sabroso.
No te saltes el paso de dorar bien el conejo: es clave para el sabor.

4 raciones
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* The % Daily Value (DV) tells you how much a nutrient in a serving of food contributes to a daily diet. 2,000 calories a day is used for general nutrition advice.