Los franceses, reposteros donde los haya, son los creadores de la crème mousseline o, como decimos en España, crema muselina.
Una suerte de crema pastelera que destaca por su suavidad y delicadeza. Razón por la que se recurre a ella para que forme parte de diferentes dulces de repostería.
Como sucede con tantas otras recetas no existe una única receta de la crema muselina, aunque sí existe una versión denominada clásica que es la que hoy os traemos aquí.
Por lo que si estás buscando una crema para repostería suave, elegante y delicada, no te pierdas el paso a paso de la crema muselina casera.

Empezamos haciendo la pastelera. Para ello calentaremos la leche con vaina de vainilla a la que previamente le habremos extraído las semillas.
La calentamos a fuego medio-bajo junto con un poco de azúcar y, en cuanto vaya a romper a hervir, la sacamos del fuego y la dejamos infusionando tapada con papel film entre 15 y 30 minutos.

En un recipiente para batir echamos el resto del azúcar con las yemas y le damos con las varillas hasta que consigamos una crema ligeramente amarillenta en la que se haya disuelto por completo el azúcar.
Le agregamos la maicena y volvemos a batir, flojo al principio hasta incorporarla y luego algo más fuerte. Pasamos la leche infusionada por un colador muy fin y volvemos a remover bien.

Llegamos nuestra crema al fuego y la ponemos a fuerza suave hasta que espese y coja consistencia de crema pastelera.
En cuanto la tengamos, la pesamos para agregar la mitad de su peso en mantequilla.

Separamos la mitad de esa mantequilla y se la sumamos a la crema caliente sin dejar de batir.
Cuando la hayamos integrado la pasamos a un recipiente plano y la cubrimos con film. La dejamos una hora hasta que consiga una temperatura de algo más de 20 grados.

Batimos la otra mitad de la mantequilla atemperada con las varillas manuales, batimos también la crema que se habrá enfriado y las vamos mezclando de poco a poco sin dejar de batir hasta conseguir una consistencia esponjosa y suave.

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