Las flores de alcachofa tienen una historia fascinante que se remonta a la antigüedad. La alcachofa (Cynara scolymus) es una planta de la familia de las asteráceas, y su consumo se originó en la región mediterránea, donde era apreciada tanto por sus propiedades culinarias como medicinales.
Orígenes y evolución
Se cree que la alcachofa deriva del cardo silvestre (Cynara cardunculus), cultivado por primera vez en el Antiguo Egipto y utilizado por griegos y romanos. En la mitología griega, se cuenta que Zeus convirtió a una mujer llamada Cynara en esta planta, lo que explica su nombre botánico.
Durante la Edad Media, los árabes perfeccionaron su cultivo en la península ibérica y, desde allí, la alcachofa se extendió a otros países de Europa. En el Renacimiento, se convirtió en un alimento exclusivo de la nobleza debido a su rareza y sus supuestas propiedades afrodisíacas.
La flor de la alcachofa
Si la alcachofa no se cosecha a tiempo, desarrolla una hermosa flor de color violeta o azul intenso, con una estructura similar a un cardo. Estas flores, aunque no comestibles, han sido utilizadas en decoración y medicina natural. También son ricas en néctar y atraen a polinizadores como las abejas.
Hoy en día, la alcachofa sigue siendo un ingrediente fundamental en la gastronomía mediterránea y es apreciada por su sabor y beneficios para la salud.

Preparación de las alcachofas:

Cocción de las alcachofas:

Preparación del jamón y el ajo:

Montaje del plato:

Toque final:

4 raciones