Como reza el lema de una famosa cadena de pizzerías española y confirman varios de los mejores maestros piazzolos del mundo, el secreto de una pizza, siempre está en la masa.
Esta representa la inmensa mayoría de cada bocado a una pizza y debe hacer de base de una serie de ingredientes sin perder su textura crujiente y esponjosa a la vez.
Conseguirla, claro está, requiere de una buena receta y de experiencia. En Recetas fáciles, de momento, solo os podemos ofrecer lo primero y animaros a hacer masa de pizza casera de forma recurrente para que, con el tiempo, os quede una auténtica masa de pizza napolitana.
La receta con el paso a paso de la masa de pizza italiana tradicional que os traemos os ayudará a convertiros en los reyes de la pizza en casa.

Empezamos mezclando en un recipiente grande y profundo la harina y la sal. Las mezclamos con una cuchara de madera.
En otro recipiente mezclamos la levadura y el azúcar con el agua, que deberá estar a una temperatura máxima no superior a 20 grados. Removemos para que se hidrate.

A continuación agregamos la mezcla líquida al recipiente con la harina y la sal. Con la una cuchara de madera que tenemos vamos removiendo hasta mezclar bien todos los ingredientes. El objetivo es conseguir una masa lisa.
Cuando la tengamos, le vertemos el aceite y seguimos mezclando. En cuanto lo hayamos incorporado pasamos la masa a la mesa de trabajo que habremos llenado de harina previamente.

Para conseguir un amasado que permite disfrutar de una masa de pizza crujiente y esponjosa empezaremos amasando con la mano, aplastando y estirando la masa con la base de tu mano buena (la derecha o la izquierda) para, después, doblar la masa por la mitad y presionar de nuevo con la base de las dos manos.
Repetimos este proceso durante cinco minutos en los que no dejaremos de esparcir harina o semolina sobre la mesa de trabajo y, también, sobre nuestras manos, siempre en cantidades pequeñas para no endurecer la masa de pizza casera.

Para conseguir que quede bien elástica tendremos que refinar la masa. Para ello la aplastaremos y la retorceremos girándola y dándole una forma bien alargada, sin romperla, para posteriormente, unir los extremos y amasarla con los puños hasta volver a integrarla. Repetiremos el proceso de amasado y estirado durante 8-10 minutos.

Finalizado este procedimiento, procederemos a untar nuestras manos con aceite y hacer una bola que pondremos en un tuper con una tapa. Lo dejaremos fermentar alrededor de 3 horas a temperatura ambiente.
Pasado ese tiempo, enharinaremos la mesa de trabajo y aplastaremos la masa con los puños para retirar el gas que se haya podido acumular en su interior. Cortaremos la masa en tres partes de unos 225 gramos cada una y haremos tres bolas que dejaremos reposar diez minutos para destensar la masa y poder estirarla y trabajarla fácilmente.

Llega el momento de coger cada trocito de masa de pizza y darle forma. Para ello estiraremos las bolas hasta hacer un círculo de unos 25-30 cm de diámetro. La clave es, con la ayuda de harina, ir dándole forma poco a poco.
Si tienes un rodillo te resultará mucho más fácil y rápido. La idea es que esa masa de unos 25-30 cm, después de estirada, tenga un grosor de no más de 4 milímetros.

Antes de echarle el tomate y los ingredientes que desees, déjala reposar en una bandeja de horno con semolina esparcida durante 10 minutos. El tiempo de horneado ideal a una temperatura de 250 grados será de unos 10 minutos o hasta que veamos que está dorada y crujiente.
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