La salsa verde es una preparación culinaria que goza de popularidad en diversas culturas y cocinas del mundo. Su color característico se debe principalmente a ingredientes verdes como hierbas frescas, espinacas o tomatillos, dependiendo de la variante regional. En la cocina italiana, por ejemplo, la salsa verde a menudo se elabora con perejil, ajo y anchoas, y se utiliza para realzar platos de carne o pescado. En México, los tomatillos y los chiles verdes son los protagonistas, y la salsa se utiliza en una variedad de platos, desde tacos hasta enchiladas.
Este condimento es más que un simple acompañamiento; su versatilidad lo convierte en un elemento esencial en la cocina. Puede ser tan simple o tan complejo como se desee, con variaciones que incluyen todo, desde alcaparras y mostaza hasta aguacate y cilantro. Además de su sabor, la salsa verde también aporta beneficios nutricionales, ya que los ingredientes verdes suelen ser ricos en vitaminas y antioxidantes. Su frescura y complejidad de sabores la hacen ideal para realzar una amplia gama de platos, convirtiéndola en una verdadera joya de la gastronomía mundial.

Iniciamos quitando la piel y troceando tanto la cebolla como el ajo. En una sartén, vertemos un poco de aceite y agregamos los trozos de cebolla y ajo. Sofreímos a fuego suave, agitando la mezcla de manera constante hasta que la cebolla se ablande.
Seguidamente, incorporamos una medida de harina a la sartén y continuamos agitando a fuego bajo. Este paso ayuda a eliminar el gusto a harina cruda y permite que se integre bien con la cebolla y el ajo, evitando que la salsa resulte demasiado acuosa más adelante.

Después, vertemos los 100 ml de vino blanco y una pizca de sal, elevando la temperatura al máximo durante un lapso de tres minutos para que el alcohol se disipe.

Finalmente, vertemos el caldo de pescado y espolvoreamos con perejil. Cocinamos la mezcla durante unos 5 minutos a fuego medio. Probamos y ajustamos la sazón con más sal si es necesario.
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